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quarta-feira, 25 de fevereiro de 2015

GARCÍA LORCA




 
 
BAILE

La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.   
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

 

 

LORCA, Federico García.  Obras completas, Tomo I. Madrid: Aguilar, 1954.
 
 
Muchacha com mantón - Gonzalo Bilbao
 

quarta-feira, 14 de janeiro de 2015

JORGE GUILLÉN


LOS NOMBRES


Albor. El horizonte
entreabre sus pestañas,
y empieza a ver. ¿Qué? Nombres.
Están sobre la pátina


de las cosas. La rosa
se llama todavía
hoy rosa, y la memoria
de su tránsito, prisa.


Prisa de vivir más.
A lo largo amor nos alce
esa pujanza agraz
del Instante, tan ágil


que en llegando a su meta
corre a imponer Después.
Alerta, alerta, alerta,
yo seré, yo seré.


¿Y las rosas? Pestañas
cerradas: horizonte
final. ¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.


O poema “Los nombres” foi retirado do ótimo site de poesia em língua espanhola “Poesia em español – Spanish poetry”, cujo link dou abaixo.  http://www.poesi.as/Jorge_Guillen.htm







quarta-feira, 17 de abril de 2013

AH, UM SONETO... DE QUEVEDO

MOSTRA COMO TUDO LEMBRA-NOS DA MORTE

Olhei o forte muro que cingia
minha cidade e o vi desmoronado,
pelo correr dos anos fatigado,
anos que abatem sua valentia.

Saindo ao campo, vi que o sol bebia
cada arroio dos gelos desatado
e das montanhas se queixar o gado,
que a luz furtaram com penumbra ao dia.

Entrando em casa, vi que, deslustrada
de uma ancestral morada era os espólios,
vi meu bordão mais curvo e menos forte,

senti rendida aos anos minha espada
e nada achei no que pousar meus olhos
que não fosse recordação da morte.

                                               tradução de Nelson Ascher



Retrato de Quevedo atribuídio a John Vanderham

ENSEÑA CÓMO TODAS LAS COSAS AVISAN DE LA MUERTE

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados;
y del monte, quejosos, los ganados,
que con sombra hurtó su luz al día.

Entré en mi casa, ví que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi bácula más corvo y menos fuerte,

vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

    In: Nelson Ascher. Poesia alheia: 124 poemas traduzidos.  Imago, 1998.

quarta-feira, 11 de janeiro de 2012

GARCÍA LORCA

POETA EN NUEVA YORK: VUELTA A LA CIUDAD

NEW YORK

Oficina y denuncia

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato;
debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero;
debajo de las sumas, un río de de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas. Lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría.
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre.
La sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos,
que dejan los cielos hechos añicos.
Más valle sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías,
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre
y los trenes de rosas manietadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos  y las palomas,
y los cerdos e y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones,
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza,
como los niños de las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
Oxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

In: Federico García Lorca.  Obras completas (tomo I).  Aguilar, 1980.